#Neurociencia Afectiva

 

Desde que en la década de los 90, el concepto de inteligencia emocional hizo explosión en el mundo y fue especialmente bien recibido en el campo empresarial, porque se comprobó que es clave para el liderazgo, mucho se ha escrito y hablado sobre el tema.

Peter Salovey explica que la inteligencia emocional es lo que nos permite percibir y expresar una emoción, usar la emoción para guiar nuestro pensamiento, comprender la información que nos dan las emociones y aprender a regularlas para promover el crecimiento y la comprensión.

El modelo del afamado, Daniel Goleman, es el más práctico a la hora de desarrollar esta inteligencia. Consiste en dos grandes dimensiones: la personal y la social. Dentro de la dimensión personal presenta dos grandes áreas: una relacionada con lo que observamos a nivel emocional en nosotros mismos, y otra que tiene que ver con aquello que hacemos a nivel emocional a partir de lo que sentimos. La llamada “autoconciencia” es el área de lo que vemos, en el dominio personal. Se relaciona con la conciencia y la valoración de uno mismo, con la confianza en uno mismo. Ésta es la puerta de entrada para el desarrollo de la inteligencia emocional: sin autoconciencia no puede haber desarrollo personal. Te atreverás a hacerte preguntas a ti mismo?, te has parado seriamente, a pensar en ti?

Desde los 90 hasta hoy, ha habido un flujo constante de descubrimientos que han venido a explicar mejor la dinámica de la inteligencia emocional.

Daniel Goleman, en su nuevo libro,  nos explica, de forma clara y sencilla, lo que se sabe sobre la base cerebral de la inteligencia emocional. Esta obra permite comprender con mayor profundidad la inteligencia emocional y mejor su aplicación.

«Cuando escribí La inteligencia emocional reuní los frutos de una década de investigaciones por entonces recientes sobre el cerebro y las emociones. Recurrí al concepto de inteligencia emocional como marco para poner de relieve un nuevo campo: laneurociencia afectiva. Las investigaciones sobre el cerebro y sobre nuestras vidas emocionales y sociales no se detuvieron cuando terminé la obra, sino que más bien han tomado renovado impulso en los últimos años.

En este volumen pretendo continuar con esas nuevas vías de investigación y detallar a mis lectores algunos descubrimientos decisivos que nos permiten comprender mejor la inteligencia emocional y cómo aplicar ese conjunto de capacidades. No se trata de un análisis técnico y exhaustivo de datos científicos, sino de un trabajo en curso que se centra en descubrimientos con un valor práctico, en hallazgos que podemos aplicar en la vida cotidiana. »

Nos comenta que cuando estamos estresados ​​la parte del cerebro que se hace cargo, la parte que reacciona la mayoría de las ocasiones, es el circuito que fue diseñado originalmente para controlar las amenazas, sobre todo los circuitos que se centran en la amígdala, que es donde se localizan los centros emocionales del cerebro, son circuitos de supervivencia.

La amígdala es el punto de disparo para la lucha, la huida, o la respuesta de congelación. Cuando estos circuitos perciben una amenaza, inundan el cuerpo con hormonas de estrés que actúan somáticamente para prepararnos ante una emergencia. Pero la respuesta también es cognitiva y, en la vida moderna, esto es lo que más importa, generando algunos cambios en cómo funciona la mente. La atención tiende a fijarse en lo que nos molesta, que nos desequilibra, que nos preocupa, eso que es molesto, frustrante o nos enoja. Eso significa que no tenemos la capacidad de atención centrada en lo que se supone que debemos estar haciendo o queremos hacer.

Además, en nuestra memoria se produce una redistribución de su jerarquía, haciéndonos más relevante la amenaza percibida, por eso viene a la mente con mayor facilidad y ​​lo que es considerado irrelevante es más difícil de traer a la mente. Que, de nuevo, hace que sea más difícil hacer las cosas que se desean hacer.

También, tendemos a caer en las respuestas sobre aprendidas, que son respuestas aprendidas a temprana edad, lo cual nos puede llevar a hacer o decir cosas que lamentaremos más adelante. Es importante entender que los impulsos que vienen a nosotros cuando estamos bajo estrés, especialmente si son secuestrados por él, nos suelen llevar por mal camino.

Es muy importante ampliar la brecha entre el impulso y la acción, y eso es exactamente lo que la atención modula. Esta es una de las grandes ventajas de practicar la atención: nos da un momento o dos, esperando, en el que podemos cambiar nuestra relación con nuestra experiencia, no ser atrapado y arrastrado por un impulso, sino más bien de ver que hay una oportunidad aquí, para hacer una elección diferente, siempre mejor. Creo que la comprensión de los mecanismos básicos neuronales involucrados es una ayuda para la atención porque nos dice cómo modularla, generando la mejor versión posible de nosotros.

Seguiremos explorando el mundo de la neurociencia afectiva…..

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