¿Cómo decidimos? #Neuroeconomía

Ese curioso cerebro reptil, que tenemos, dentro del global del encéfalo, es maravilloso. Nos ha permitido sobrevivir todos estos miles de años y lo sigue haciendo. Con su egocentrismo, su sistema de actuación binario, la capacidad de ver los contrastes, en general de facilitarnos la supervivencia, y ello nos determina.

En las cavernas funcionaba de maravilla, pero ahora que gestionamos “activos”, “cuentas de resultados”, “balances”, etc, lo estamos volviendo loco. Mejor que tengamos claro que funciona según un principio que nos debe ser familiar para todos: para él, los recursos son escasos.
Según Paul Zak, director de un centro para la neuroeconomía en Claremont Graduate University, ySteven Sapra, profesor de finanzas de la Universidad del Sur de California, estos son los puntos clave de la neuroeconomía para todos los que administran dinero:

  1. Recompensas

La previsión de adquirir y anticipar dinero tiene un efecto similar en el cerebro al de ganar una mano de póker o comer cuando se tiene hambre. Desgraciadamente esta “fiebre” desaparece con el tiempo, por lo tanto estamos biológicamente obligados a buscar la novedad.

La toma excesiva de riesgos es más probable cuando un inversor ha tenido varios éxitos recientes que empujan el sistema a querer buscar recompensas cada vez mayores. Por esta razón, en la empresa, los gerentes deben vigilar los indicadores de volumen de negociación diario para impedir el tráfico excesivo.

  1. El equilibrio de riesgos

Desde el cerebro se “siente” el riesgo de la misma manera, que si se tratase de una montaña rusa (seguro) o desviarse de la carretera en un coche (decididamente inseguro), la experiencia es esencial para modular las respuestas emocionales al riesgo.

Algunos  pueden llegar a estar demasiado acostumbrados a la actividad de alto riesgo, o no tomar suficientes riesgos en mercados con una tendencia al alza. Esta es otra área donde los sistemas de monitorización pueden ser útiles.

  1. Esperar a que

Retrasar la gratificación es difícil y agotador para el cerebro. Cuando los mercados son volátiles, los inversores poseen los sistemas de autocontrol fuertemente grabados. Esta es precisamente la situación en la que un inversionista tiene más probabilidades de tomar decisiones basadas en la gratificación inmediata y la poca deliberación, en lugar de sobre la información mayor y real, esperando la recompensa más tarde.

  1. La raíz de la manada

Los seres humanos somos animales sociales. No hemos evolucionado para aprender unos de otros, sino también para seguir a la multitud. Actuar desesperadamente con la  compra y venta de pánico son las consecuencias inevitables de la mentalidad de la manada. Los profesionales de la inversión deben mantener esta tendencia hacia una acción común en mente al momento de decidir si se aboga por un buen precio o simplemente de un activo.

  1. Lo nuevo, Nuevo

Volviendo a la Lección Uno, el cerebro responde a la novedad casi en su respuesta a recompensas como dinero o sexo, y esto se aplica a la información también. Es importante y difícil mantener la novedad y el éxito cognitivamente separado. Se debe de tratar minimizar la cantidad de información financiera nueva que fluye hacia el cerebro, por lo que estaremos en mejores condiciones para juzgar su calidad.

  1. Comprobador de referencias

El cerebro toma decisiones basadas en gran medida en los puntos de referencia o líneas de base. Por ejemplo, varios estudios han demostrado que después de una ganancia, la gente toma más riesgos: el sistema de recompensa del cerebro se arranca y quiere más. Del mismo modo, después de las pérdidas, muchas personas aumentan su exposición,  a riesgo de volver a su punto de equilibrio, al punto de referencia. Esto no siempre es la mejor condición para la salud económica. Los profesionales de la inversión deben tratar de analizar las inversiones por sí solos e ignorar el camino que tomaron para llegar a donde están hoy.

  1. La racionalidad racional

Los circuitos cerebrales que son repetidamente utilizadas, pueden desarrollar un sesgo cuando se activan con los mismos estímulos o similares. El cerebro ahorra energía mediante la realización de tareas repetitivas, como la ducha o la conducción sin dedicar la conciencia de ellos. Para evitar la pereza del cerebro y la inversión sobre la base de la inconsciencia y los procesos repetitivos, es interesante traer algún tipo de novedad: el cambio de oficinas, hablar, dar un paseo, poner música o ir de vacaciones.

8. El amor de cartera

Los circuitos que nos hacen crecer apegados a nuestras familias, mascotas y hogares también operan en nuestras carteras. Si estamos cerca de alguien o algo lo suficiente, desarrollamos r una aversión o un favoritismo adjunto a él / ella / ello. Esta conducta de apego es parte de la evolución de los seres humanos como criaturas muy sociales. Como resultado de ello, valoramos lo que tenemos más de lo que no, lo cual es algo que los investigadores llaman el Ser conscientes de este proceso “efecto dotación”.  Es posible que, en algún nivel, desarrollemos el amor de nuestra cartera, incluso si no nos gusta, desarrollemos aversión.

En esta línea de la economía, igual que en otras actitudes conductuales, la instauración de hábitos refuerza los circuitos neuronales establecidos. Quedando arraigados los que heredamos sobre pautas aprendidas de nuestro entorno, que entran en enfrentamiento con la esencia genética, dando lugar a un fenotipo conductual particular.

Poseemos un parloteo continuo de nuestra mente, falta de concentración, pérdida de atención en una actividad concreta, sin estímulos unitarios en esta sociedad de multiestímulos, por ello debemos de desarrollar el mindfulness, la denominada “atención plena” en términos científicos, evitando el misticismo.

El ejercicio de focalizar nuestra atención, donde Oriente nos lleva años de ventaja. En una época conceptual, donde nosotros, mamíferos dotados de emociones, podemos concebir, formular ideas, “conceptos”, generando nuevos circuitos neuronales.

En el fondo de nuestros corazones sabemos que el futuro no puede ser una extrapolación del pasado. Como biznietos de la revolución industrial, hemos aprendido finalmente que la búsqueda descuidad de más es insostenible y, en última instancia, insatisfactoria. Deseamos tener una clase de capitalismo que sea más generoso y amable, que nos considere como algo más que meros “consumidores”, que entienda la diferencia entre maximizar el consumo y maximizar la felicidad, que no sacrifique el futuro por el presente y que no considere a la Tierra como una fuente inagotable de recursos naturales.

“Si se abandonan las sociedades capitalistas a sus propios excesos, caerán en la obsesión seguida por el pánico”, George A. Akerlof y Robert Shiller en Animal Spirits

Conozcamos cómo funcionan nuestro cerebro económico y sugestionemos lo que podamos.

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