#Neuroliderazgo, Supervivencia en el Trabajo

¡Confiamos en ti! ¿Contamos contigo?

Que expresión más nefasta, que se produce en muchas empresas desde aquellospseudolíderes que mantienen patrones de management del siglo pasado.

“No me importa que confiéis en mí, necesito que me escuchéis”

Seguro que después de alguna reunión de trabajo, hemos estado frustrados con nosotros mismos, por no haber explicado claramente nuestro punto de vista o no haber dicho lo que debíamos.

Después de luchar por exponer nuestro caso, sentimos que lo que pensábamos que era claro y simple, no quedó reflejado así.

Está claro que esta experiencia laboral y personal, la tienen miles de personas a lo largo del día.

Durante esta reunión, hemos experimentado un concepto muy simplista de la neurociencia, la activación de “lucha o huida” es una respuesta clásica de nuestro cerebro reptiliano.

Hemos luchado ante ese jefe, grupo o superior que no aprobaba nuestra idea, nuestro proyecto, sintiendo que afectaba nuestra integridad como profesionales, nuestro instinto de supervivencia se ha visto activado.

¡Peligro!  ¿No se me está valorando?, ¿es personal?, la supervivencia se dispara, nuestro “independiente” cerebro reptiliano se activa y conecta con nuestro sistema límbico, activando la Amígdala.

Es verdad, que etiológicamente, este cerebro “huida-respuesta” nos ayuda a mantenernos con vida. Pero ¿ está nuestra vida en peligro por este incidente laboral?, ¿ha sido tan grave cómo lo hemos percibido?, seguro que no,  hemos reaccionado ante “el peligro” casi sin pensar en ello.

La realidad es que nuestra vida laboral es extensa en términos de tiempo humano, no nos damos cuenta y nuestro cerebro está “etiquetando”, situaciones o estímulos laborales como amenazas y otros como recompensa, bajo nuestro criterio personal.

Este etiquetaje no es banal, ya que son códigos mentales que se almacenan en el circuito límbico, en la amígdala.

En algunos casos sería interesante tener afectado el hipocampo posterior, y que nuestra memoria episódica fuese ineficaz, así no generaríamos aproximaciones al futuro.

A partir de entonces, cada vez que nos encontramos con una situación que hemos etiquetado como “amenaza” o “recompensa”, se activa la amígdala en el límbico para activar un sistema automatizado, no racionalizado, de “desenganche” ante la amenaza, o de “participación”, cuando percibimos una recompensa.

Es un proceso altamente automatizado, que requiere un entrenamiento específico para orientar las percepciones hacia una realidad más objetiva.

Gracias a la neurociencia, hemos descubierto que exactamente las mismas respuestas neuronales que nos conducen hacia la comida o a huir del peligro, se activan cuando tenemos  buena interacción social con otras personas. En otras palabras, cuando vamos a tener una reunión de trabajo, disfrutando de cañas con amigos, o hablar sobre el tiempo mientras estamos de pie en la cola en el supermercado, el comportamiento de la gente durante estas interacciones sociales puede desencadenar una respuesta en otros de, “amenaza” o “recompensa”.

Para los líderes, las consecuencias de este descubrimiento son realmente profundas. Esto significa que el cerebro humano es básicamente un órgano social que reacciona a las situaciones sociales, y en particular el dolor social, exactamente de la misma manera en que reacciona con el dolor físico. También significa que el cerebro ve el lugar de trabajoprincipalmente como un entorno social en el que está en constante evaluación de la interacción social, ya sea como amenazas o recompensas.

 

Muy impactante es que los estudios han demostrado que cuando una respuesta de amenaza se activa, se produce un impacto muy negativo en nuestro rendimiento cognitivo, el sistema límbico entra en automático.

Cuando el sistema límbico entra en su respuesta automática, tenemos menos recursos deoxígeno y glucosa, sin que estén disponibles para la corteza prefrontal, la parte del cerebro donde el pensamiento consciente tiene lugar. Esto significa que cuando una respuesta a la amenaza se activa, nuestra capacidad de entender, tomar decisiones, recordar, memorizar, planificar, inhibir impulsos, resolver problemas y comunicarse se ve afectada. Su creatividad y capacidad de innovación se restringen, dando lugar a aquellas personas incapaces de ver los conceptos en su totalidad y abstraerlos, y a una ineficiente productividad en general.

De aquí extraemos la elevada importancia de cómo se produce la interacción personal en los ambiente de trabajo, con un jefe poco cualificado, carente de empatía, un compañero de actitud negativa, o incluso aquella persona que disfruta hablando de sí mismo, activando susistema dopaminérgico mesolímibico generando su autorecompensa, son interacciones que nos provocan una respuesta de amenaza en el cerebro. El cerebro percibe esta amenaza social exactamente de la forma en que se percibe una amenaza física, y entra en “modo de supervivencia” donde sus capacidades cognitivas se deterioran y restringen.

Como aspirantes a líderes en esta época de alta volatilidad y constante cambio, nuestra mayor habilidad será cada vez más la capacidad de facilitar la participación en el lugar de trabajo. Las NeuroCiencias nos está proporcionando evidencia científica sólida de lo que sucede en el cerebro humano, cómo nos relacionamos unos con otros en el lugar de trabajo.

Como líderes y facilitadores del desarrollo organizacional esto nos proporciona grandes oportunidades para aplicar los principios del  “neuroliderazgo” que, entre otras cosas, significa comprender que el lugar de trabajo es ante todo un medio social y que el cerebro humano es un “órgano social” que necesita cumplir con sus necesidades sociales.

 

“Existe una gran diferencia entre lo que la ciencia ha descubierto y lo que las organizaciones hacen respecto a la gestión del capital humano”  
Daniel Pink

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