Deja de perder el tiempo en las Redes sociales, ¿qué pasa en mi cabeza? Las redes sociales son como la comida y la vivienda, importantes.

Rumores y hechos que no se paran de compartir, por qué mi cerebro actúa así, casi no lo sabemos pero se ha demostrado que:

“Estar conectados socialmente es la pasión vital de nuestro cerebro” comenta el Dr. Lieberman, profesor de psicología en la universidad de UCLA de Letras y Ciencias y profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento en el Instituto Semel de la UCLA para la Neurociencia y Comportamiento Humano.

“Esta es la forma en la que nuestro sistema operativo ha evolucionado decenas de millones de años.”

Lieberman es uno de los fundadores de la neurociencia cognitiva social, una disciplina que analiza cómo la función cerebral subyace en el pensamiento social y el comportamiento social. En su libro “Social”, explica que nuestra predisposición a ser sociales puede explicar nuestra necesidad de interactuar a través de los medios sociales, iPhones y los distintos aparatos, así como por qué la gente está interesada en la observación de las interacciones sociales de los demás, por qué “Salvamé” es tan adictivo para ciertos perfiles sociales.

Tras 250 millones años de evolución se han producido grandes diferencias en el cerebro que nos distinguen de nuestros antepasados. Esta evolución ha hecho que en última instancia  que los humanos de hoy estemos más conectados con el mundo social y más dependientes del mundo social.

“Los mamíferos están conectados socialmente más que los reptiles, los primates más que otros mamíferos y los seres humanos más que otros primates”, dice Lieberman. “Lo que esto sugiere es que cada vez más, estar conectados socialmente es esencial para nuestra supervivencia. En cierto sentido, la evolución ha confirmado que la mejor manera para hacernos más exitosos es hacernos más sociales.

 

Lieberman sugiere que nuestras instituciones, desde las escuelas y equipos deportivos a los militares y las instituciones de atención de salud, podrían obtener mejores resultados si se estructuraran con una comprensión de nuestra naturaleza social.

Como ya comenta Sir Ken Robinson, “la escuelas matan la creatividad”, en esta línea Lieberman comenta que cuando el cerebro humano es extremadamente social la estructura del sistema educativo no favorece esta situación, sino que se llega a “apagar este cerebro social”

Los cerebros más jóvenes quieren comprender el mundo social y las mentes de otras personas. Podemos aprovechar lo que los estudiantes de secundaria están biológicamente predispuestos a aprender, y podemos hacer esto para mejorar la enseñanza de la historia y el Inglés, e incluso las matemáticas y la ciencia.

La investigación también sugiere que los estudiantes son más propensos a recordar la información cuando la reciben desde un punto de vista social. Las escuelas podrían aplicar esa lección haciendo que los alumnos mayores sean tutores de los más jóvenes.

De esta forma  los líderes de negocios pueden beneficiarse de la comprensión de las motivaciones sociales de las personas. Los estudios realizados por otros investigadores han demostrado que sentirse querido y respetado en el lugar de trabajo activa el sistema de recompensa del cerebro de la misma manera que la compensación financiera, y que las recompensas sociales pueden ser al menos tan eficaz como el dinero en la motivación de los trabajadores. Y un estudio de Lieberman demostró que las personas estaban dispuestas, por lo general, a devolver el dinero que les habían dado a ellos si eso significaba que otros escribían palabras amables sobre ellos.

Destaca un estudio en el que analiza  60.000 líderes se encontró que menos del 5% destacan conjuntamente en el logro de resultados importantes y en establecer relaciones sociales, la combinación de ambas es escasa.

Mediante imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) demuestra que la importancia de la conexión social es tan fuerte que cuando somos rechazados o tenemos malas experiencias en algún servicio, nuestro cerebro “reacciona” de la misma manera que lo hace cuando sentimos dolor físico.

 

“Dolor social y físico son más similares de lo que imaginamos”, Lieberman.

Nuestra naturaleza social es tan poderosa que incluso puede determinar lo efectiva que es la generación de nuevas innovaciones y la generación de cambios en la sociedad.

“Estamos conectados a ver las cosas y pensar, ‘¿Cómo puedo usar esto para ayudar a otras personas que conozco?'”, Lieberman.

“Puedo tener la idea más brillante para una invención, pero si no la  puedo transmitir que a otras personas de una manera que le ayude y sea comercializada, es sólo una idea en mi cabeza. Si nosotros no estamos conectados socialmente, incluso las grandes ideas se marchitan”

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