Estamos distraídos con los teléfonos inteligente que nos han vuelto más idiotas

¿Qué pasa en nuestro cerebro?

La aparición de los teléfonos inteligentes ha conseguido eso que ellos sean los inteligentes. Desde a un niño, los adolescentes, en reuniones familiares y profesionales, en la empresa que ocurre, los mensajes de texto, el whatsapp, el e-mail, la red social de turno, nos ha convertido en adictos dopaminérgicos.

La Dopamina ese neurotransmisor neurotrasmisor asociado con la motivación y la recompensa se activa con los “me gusta” de Facebook y los “retuits”, es el mismo neurotransmisor que actúa cuando se consumen drogas o se mantienen relaciones sexuales. De esta forma las redes sociales generan un efecto adicitivo conocido por las empresas y como digo en las conferencias hay que utilizarlo.  Lo he bautizado como “El efecto Dopamina de las Relaciones Públicas”

Pero el objetivo de este post es otro. Qué ocurre cuando en el entorno empresarial sucede lo mismo observas toda la jerarquía absorta en sus devices que no paran de vibrar sobre la mesa mientras se celebra la reunión.

Los teléfonos inteligentes son tan frecuentes en nuestras vidas que están interrumpiendo todo, desde comidas a las películas. Se les está dando prioridad antes de disfrutar de los seres humanos reales, vivos y sentados junto a nosotros.

En su reciente libro The Big Disconnect: La protección de la infancia y las relaciones familiares en la era digital, Catalina Steiner-Adair , psicóloga clínica y consultora en Harvard, relata que en sus estudios los niños relatan que se siente agotados, frustrados, tristes o enojados al no tener la atención de sus padres que están absortos con la pantalla del ordenador, tablet o del Smartphone. Lo mismo ocurre dentro del entorno laboral dando lugar a un sentimiento de rechazo recíproco entre todo el equipo.

Sentimos todo como urgente, incluso hasta emocionante. Obtenemos ese chute de dopamina cuando mandamos otro email, creemos que estamos siendo productivos, comprobando y comprobando sin parar la bandeja de entrada.

Además del autoengaño de productividad estamos dando mayor prioridad el elemento tecnológico que a la persona que tenemos delante, se producen procesos de ansiedad ante el conocimiento de que hemos recibido un mensaje y queremos responderlo. Así se instaurado de forma implícita a la tecnología la responsabilidad de la inmediatez favoreciendo nuestro estado de multitasking.

Estos dispositivos y sus apps han sido diseñados para captar nuestra atención y no somos capaces de desconectarnos del mundo conectado e interactuar con las personas que verdaderamente están alrededor de nosotros.

El cambio cultural se ha completado el entramado neuronal de los nativos digitales están desarrollando unos entramados dendríticos completamente diferentes a los de generaciones anteriores. Pero nosotros mismo estamos influyendo en su behaviour ya que nos imitan, efecto pigmalión, neurona espejo, efecto manada, etc, ellos están viendo que somos unos drogadictos del smartphone.

Todos estamos justo a solas con nuestros teléfonos inteligentes, incluso cuando estamos rodeados de otros seres humanos.

En el siguiente vídeo más de uno se verá representado.


 

En países como China, Taiwán y Corea del Sur la adicción a Internet ya está aceptada a nivel de diagnóstico psicológico. En los EE.UU. se prevé incluirla en la nueva edición del manual de referencia: el Diagnostic and Statistical Manual for Mental Disorders. Incluso hay quienes hablan de un desorden específico relacionado con tener múltiples perfiles en las redes sociales: el multiple profile disorder.

Al parecer cuanto más tiempo transcurre uno online, más se atrofian las partes del cerebro encargadas del habla, memoría, control motor, emociones… De hecho la capacidad de atención ha disminuido un 40% en los últimos 10 años.

La adicción a Internet se caracteriza en el Diagnostic and Statistical Manual for Mental Disorders por los siguientes síntomas:

  • Preocupación por internet y el juego online: pensar constantemente en lo que se hizo online o se va a hacer después.
  • Síntomas de dependencia (síndrome de abstinencia) cuando no hay Internet.
  • Aumento del umbral de tolerancia: tener que invertir más tiempo para conseguir la misma satisfacción.
  • Pérdida de otros intereses.
  • Uso de Internet para escapar de estados de ánimos tristes, ansiedad o inquietud.
  • Intentos fallidos por controlar el uso

Esta situación se está integrando rápidamente en nuestra organizaciones dando lugar a zombies tecnológicos, agotamiento cerebral así como aportando vías de escape ante situaciones controvertidas. Todo ello genera un ente no consciente de estado “out” y de avance absurdo del tiempo en las organizaciones influyendo muy negativamente en el bienestar global y la productividad empresarial.

Ante todo esto mejor ser conscientes de qué procesos mentales se producen y debemos ser capaces de equilibrar la tecnología y la vida personal y profesional. A sido un avance brutal para la humanidad pero hemos de equilibrarlo con nuestra realidad como seres sociales.

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