Con la pandemia hemos sufrido un incremento de diversas alteraciones psicológicas del espectro humano: ansiedad, estrés, depresión, frustración…realmente no estamos adaptados al aislamiento social, la gestión de la incertidumbre y a un caos general que nos afecta a nivel personal, laboral y social.

Ante una nueva realidad que puede repetirse e incluso incrementarse hoy en día la tecnología pone a nuestro alcance la capacidad de minimizar los efectos adversos físicos y psíquicos que nos provocan. Tecnologías como la realidad virtual no permiten crear entornos “alternativos” con los que podemos interaccionar.

Un reciente estudio publicado en Nature nos confirma que la Realidad Virtual puede mejorar el aprendizaje por asociación, la memoria, nuestra relación con el entorno, la adaptación emocional, los recuerdos y todo ello gracias a la estimulación de una zona del cerebro denominada hipocampo.La Realidad Virtual (RV) abre todo un mundo de experiencias, en un espacio virtual, que podría «reentrenar» el hipocampo. A través del análisis de las diversas ondas cerebrales podemos descubrirlo.

Las ondas beta, dominan el cerebro cuando estás concentrado y comprometido. Las ondas alfa se activan cuando te relajas en el sofá con una taza de té caliente. Otras ondas cerebrales se han probado como tratamiento para el Alzheimer, lo que demuestra que no son sólo embajadoras que conectan regiones del cerebro, sino potenciales “soldados” que nos ayudan a conectar áreas.

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En el caso de la RV las ondas theta son el quid de la cuestión. Se trata de ondas relativamente lentas que se disparan en el cerebro mientras se sueña despierto, o en medio de una gran carrera, o en la ducha con la mente totalmente relajada. Las ondas Theta, que bañan el hipocampo, desencadenan un estado en el cerebro que es propenso a un flujo de ideas -a la «ducha de pensamientos». Este estado es fundamental para nuestra capacidad de aprender y memorizar, así como para la plasticidad, que es la capacidad del cerebro de adaptarse a algo extraño y nuevo. Las ondas theta trabajan con otras ondas cerebrales para ayudarnos a recordar recuerdos personales, algo que a menudo se pierde en el Alzheimer.

Gracias a los estudios que se están realizando con RV se ha descubierto que no solo se generan ondas theta normales, sino que la hiperstimulación sensorial por otras vías gracias a la RV provoca otra onda que denominaron “banda eta” Eta actuaba como una especie de FitBit interno, que sólo se activaba si en laboratorio las ratas del estudio corrían, pero que desaparecía cuando se ponían en modo teleadicto.

 Aparte de las ondas Eta, las ratas que corrían en la RV también aumentaban sus ondas Theta en comparación con las que corrían en el mundo real.

En cualquier caso, tenemos a nuestro alcance una tecnología que de momento ha quedado relegada a ciertos usos terapéuticos pero que ha tenido su máxima difusión en el mundo del entretenimiento con la imagen común de unas gafas “muy grandes”. Pero la realidad virtual va a más allá con la creación de espacios virtuales que nos provocan activaciones cerebrales y motoras que pueden desarrollarse en espacios domésticos. Activaciones que nos protegerán, reduciendo los efectos negativos de situaciones incoherentes para nuestra fisiología como seres humanos, como es el caso de la una pandemia y un confinamiento.

 

 

Referencias.

https://www.nature.com/articles/s41593-021-00871-z

https://singularityhub.com/2021/07/06/how-virtual-reality-unveiled-a-unique-brain-wave-that-could-boost-learning/

 

 

 

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